Frente de la Escuela Rural "Educación para las Primaveras".

martes, 5 de marzo de 2013

Capítulo 3: Sobre edad y deserción escolar. Acerca de las principales causas que obstaculizan el acceso y permanencia en el sistema educativo formal.

“No podemos consolidar una educación rural
basada en el aprendizaje de contenidos curriculares 
que nada tienen que ver con el entorno inmediato del alumno; 
como tampoco podemos desatender su capital lingüístico, 
porque de lo contrario, el niño no podrá atravesar el umbral de la escuela  
o bien lo hará con ciertas dificultades 
y cargando estigmas que lo marcarán toda su vida”.

Lidia Schöninger

I. Repitencia, atraso y deserción escolar
Siguiendo una vez más los análisis que el profesor Carlos A. Borsotti realiza en su trabajo titulado “Sociedad rural, educación y escuela en América Latina” -libro del que recomiendo una lectura profunda a todas aquellas personas interesadas en las problemáticas del agro y de la educación en nuestro continente-, podemos descubrir la profunda relación que existe entre estos tres aspectos que inciden de manera más que negativa en la capacidad que tiene la Escuela de brindar educación formal al conjunto de niños y niñas en edad escolar en los ámbitos rurales.

Así, observamos que la repitencia es mayor durante el primer ciclo de escolaridad, es decir, en los primeros tres grados, que son los más importantes por su incidencia en el analfabetismo y en el rendimiento general del sistema educativo formal. Mientras que la promoción es más alta a medida que se avanza en los cursos.

En este sentido, Ernesto Saucedo, director con grado a cargo de la Escuela Nº 54 “Juan Bautista Alberdi”, único establecimiento educativo de la localidad de Profundidad, plantea que la repitencia se presenta en los primeros años de escolaridad y que luego ya “no hay mayores problemas de rendimientos”. Y lo asocia al “elevado ausentismo en los grados inferiores, ya que desde la salita faltan mucho y arrastran así un cúmulo de aprendizajes no vistos que afectan su desenvolvimiento en las clases” .

Este hecho se produce en gran medida porque el choque cultural que se origina al ingresar a la Escuela entre los conocimientos que le ofrece la familia y los que le ofrece la institución educativa es más fuerte en los primeros años, circunstancia que se agrava en nuestra región por el uso de un idioma diferente al de la primera lengua, y porque los niños y niñas más pequeños sufren de mayor manera las largas distancias que deben atravesar a pie hasta la Escuela y las inclemencias del tiempo, asistiendo a la misma de manera irregular.

Entonces, la repitencia se manifiesta en el retraso escolar, aunque este también se da por un ingreso tardío al sistema educativo formal, ya que muchas veces las familias siguen más las pautas locales de incorporación de sus hijos e hijas a la institución educativa que las disposiciones legales vigentes. En este sentido, y por las razones antes expuestas, suelen esperar a que su hijo o hija sea un poquito más grande para mandarlo a la Escuela.

Finalmente, la repitencia y el retraso se transforman en el abandono o deserción escolar cuando los chicos y chicas, ya más grandes, comienzan a trabajar. Hecho que puede sintetizarse, aunque de manera un tanto esquemática, de la siguiente manera:
REPITENCIA = RETRASO ESCOLAR = DESERCIÓN

Siguiendo con el análisis, y como ya se dijo, tradicionalmente se creía que el acceso al sistema educativo posibilitaba el asenso social, es decir, que el acceso a la educación era tenido en cuenta como un criterio de selección social. En la actualidad, sin embargo, la selección social no está dada por el sólo acceso al sistema de educación formal e, inclusive, tampoco únicamente por el nivel de permanencia en el mismo, aunque un mayor grado de escolaridad ayude en este sentido.

Y, como se sabe, la retención de los niños, niñas y jóvenes en las Escuelas Rurales suele ser baja en comparación de lo que ocurre en las ciudades, aunque también en éstas la situación comienza a ser cada vez más compleja.

Así, al analizar los altos índices de deserción escolar y repitencia que pueden observarse entre los alumnos y alumnas pertenecientes a los llamados sectores carenciados puede verse que su origen se encuentra en un conjunto de dimensiones socio-económicas y culturales que interactúan entre sí, entre las que debe destacarse el crecimiento de la pobreza, la indigencia y el desempleo, unidos a la degradación del sistema de educación público, ambos producto de un proceso económico que tendió a priorizar los intereses financieros internacionales y de los grandes grupos de capitales locales por sobre las necesidades de las grandes mayorías de la población.

Se llega entonces a la nefasta conclusión de que estos niños y niñas por el simple hecho de ser pobres no pueden aprender tal o cual cosa, ya que están condenados desde el inicio por la miseria, culpando así a la pobreza y no a la Escuela de los fracasos.

Existen, también, otras explicaciones que buscan superar este diagnóstico simplista, que establece una correlación directa entre pobreza y dificultades escolares. Así, sin ignorar el peso de la miseria que acosa a estos sectores, es importante señalar que los silencios de los chicos y chicas y sus dificultades de aprendizaje muchas veces tienen como causa principal la agresión que desde la Escuela se ejerce sobre sus identidades culturales, lenguas, códigos, saberes y creencias, incorporados en el seno del hogar durante el proceso de socialización primaria.

De esta manera, se está contraponiendo la cultura oficial de la Escuela a la de los grupos sociales en que la misma ejerce influencia, hecho que genera que los niños y niñas, como así también sus familias, conscientes de la soberbia despectiva de la cultura universal de occidente y del saber científico hacia sus propias culturas, guarden silencio como el más seguro mecanismo de ocultamiento y preservación.

Fenómenos como los descriptos pueden observarse en cualquier establecimiento escolar que se encuentre ubicado en un barrio marginal o semi-marginal de las grandes ciudades. Pero, ocurren en mayor medida en las zonas rurales, ya que, como quedara expresado, la Escuela no tiene en cuenta el modo de vida de estas poblaciones e intenta reproducir los modos urbanos de comportamiento. Para poner un sólo ejemplo, basta con ponerse a pensar en la organización horaria de la Escuela que sigue las pautas culturales urbanas y no tiene en cuenta los horarios que los pobladores rurales utilizan.

Hay que señalar, además, que aunque se han producido en los últimos años ciertas mejorías, “la educación formal en las áreas rurales se encuentra muy por debajo de los niveles que ésta alcanza en zonas urbanas” .

Según el propio Ministerio de Educación de la Nación, “las escuelas rurales registran una menor tasa de promoción de un curso a otro comparado con la media nacional. Y presentan mayores índices de abandono, repitencia y sobre-edad”. En este sentido, algunas de las causas señaladas por la cartera educativa dan cuenta de “las grandes distancias que separan las casas de las escuelas o el mal estado de los caminos, la escasa oferta educativa en el nivel inicial y el alto grado de ausentismo como consecuencia de la participación de los niños en la economía familiar, más en los tiempos de la cosecha o porque tienen que cuidar a sus hermanos o atender la casa en ausencia de sus padres” .

De esta manera, el triste análisis de nuestra realidad nos muestra que “el medio educativo formal en el ámbito rural está poblado por quienes nunca accedieron al sistema, aquellos que accedieron y no pasaron más allá del tercer grado (que constituyen el grupo de los analfabetos funcionales) y los que han llegado a los años superiores de la escolarización primaria” .

Es decir, que presenta un alto grado de sobre-edad y deserción escolar. Concepto de deserción al que podríamos definir mejor como expulsión, ya que los niños y niñas de los sectores rurales no desertan porque quieren, sino que son expulsados de la Escuela. Obviamente, no directamente por los y las docentes, sino por todo un conjunto de razones internas y externas a la Escuela que están presentes en la estructura misma de los sistemas social y educativo, y que influyen en gran medida en la llegada y permanencia de los chicos y chicas dentro de la Escuela.

Sin embargo, a pesar de todos estos indicadores negativos, puede afirmarse que en la actualidad la Escuela Primaria Rural continua siendo “una institución aglutinante, aún siendo reactiva en muchos aspectos a la integración plena con la comunidad”   y que la incorporación y permanencia de los niñas y niñas al sistema educativo formal ocurre en ella de manera mucho más efectiva que en los otros niveles educativos, pese a que como vimos la matrícula desciende de forma considerable en los últimos años.

En este sentido, es preciso tener en cuenta la falta de acceso a estudios superiores (secundarios y, especialmente, terciarios / universitarios) que tienen los jóvenes de nuestra región.

Realidad que puede ser descripta con la metáfora de un embudo, donde muchos ingresan pero son muy pocos los que logran alcanzar con éxito la finalización de su proceso de escolarización, y que es generada, como ya se dijo, por diferentes dimensiones socio-económicas y culturales, unas ligadas a las otras, de las que pasaré a explicar las principales variables.

II. La economía familiar de subsistencia 
Como ya analizamos, los bajos niveles de ingresos y la precariedad de las condiciones de vida determinan que la carga de trabajo sea distribuida entre los miembros del grupo familiar, lo que implica la participación de niños, niñas y adolescentes en estas tareas, y donde unidad doméstica es sinónimo de unidad económica. En este sentido, hay que tener en cuenta que “la disociación entre propiedad y explotación es un proceso característico de la expansión capitalista en el agro” que recién comenzó a producirse en nuestra provincia en las últimas décadas, como ya vimos .

Así, en los momentos álgidos de la producción se incrementa el ausentismo, debido a que niños, niñas y adolescentes deben colaborar para llevar adelante la misma a buen puerto, porque de eso depende su subsistencia.

 Colaboración que muchas veces excede las concretas necesidades materiales; que es una forma de socialización medianamente espontánea, ya que es en el seno de la familia campesina donde los niños y niñas van adquiriendo los valores, creencias y pautas culturales de sus padres, y aprendiendo en la práctica el oficio de agricultor, adquiriendo de este modo las herramientas necesarias para en un futuro poder desenvolverse positivamente en la sociedad en la que están insertos.

Es decir que la estrategia de sobrevivencia que adoptan los grupos familiares de los pequeños productores y productoras para insertarse en el proceso productivo a fin de obtener recursos económicos, con una intensiva utilización de la mano de obra familiar en los momentos cúspides de la producción, influye indudablemente en el acceso y permanencia de los niños, niñas y adolescentes en el sistema educativo formal.

En este sentido, Borsotti explica que para los estratos bajos rurales “se plantea un conflicto entre las urgencias de la supervivencia inmediata y un aprendizaje que, en el mejor de los casos, tiene una utilidad diferenciada”, ya que la asistencia escolar es una carga pesada para las familias, dado la importancia que tiene en su estrategia de supervivencia el trabajo de los niños y niñas .

Borsotti plantea, además, lo siguiente: “La asistencia a la escuela en las áreas rurales no es gratuita, porque sí bien el niño no paga por asistir, si deja de producir o de aportar su trabajo en términos de estrategia familiar. Tampoco la asistencia es obligatoria porque el niño tiene una serie de obligaciones que son prioritarias en relación con las estrategias mencionadas” .

Es por eso, que muchas veces al niño o niña se lo deja en la Escuela sólo por algunos años, los suficientes para que aprenda a firmar, escribir, medio leer y saber de cuentas como para que no lo engañen. Es por eso, también, que en las épocas de siembra y cosecha disminuye la asistencia escolar.

Al respecto, la docente Roxana Moravicki de Passera, directora de la Escuela “Andresito Guacurarí” de Paraje Cabureí, Andresito, dijo: “En el tiempo de clasificación del tabaco es normal que los chicos falten, porque van a trabajar con sus familias”. Y agregó: “Notamos con preocupación que los chicos no siguen la secundaria, salen de la escuela y ayudan a sus padres en la chacra” .

Sin embargo, al asumir la Escuela en la actualidad una fuerte función de asistencia social que excede en mucho su rol pedagógico tradicional, puede afirmarse también que la institución educativa, de manera cada vez más destacada, “ocupa un lugar central en la economía familiar, ya que en la mayoría de las escuelas los niños realizan al menos una comida por día”, a lo que hay que sumar que “muchas de las familias cobran mensualmente diferentes tipos de asignaciones estatales para garantizar la asistencia de los niños a la escuela”  .

En este sentido, según una encuesta realizada por la Red Comunidades Rurales, “en el norte del país, que mantiene los índices de pobreza más altos de la Argentina, el 95 % de las escuelas relevadas cuenta con un comedor escolar”  .

La Encuesta también indagó sobre la percepción de los actores educativos sobre el grado de abandono escolar que generaría la ausencia del comedor en las Escuelas, y los resultados fueron contundentes: más de la mitad de los referentes consideró que habría mucho abandono, de lo que se desprende que la existencia o no de un comedor escolar condiciona en gran medida la asistencia de los niños y niñas a la Escuela.

III. La oferta educativa deficitaria 
Como dijimos, en nuestra provincia todavía existe una cantidad considerable de Escuelas rancho de características unitarias o de plurigrado. Incluso, muchas de ellas son de carácter incompleta, es decir, que no cuentan con la totalidad de los grados de la educación primaria sino solamente con algunos de ellos, generalmente, los correspondientes al primer ciclo de escolaridad.

También, son muchos los casos de Escuelas y/o Aulas Satélites que, aunque completen el ciclo primario, no brindan la totalidad de los niveles de escolaridad obligatorios (Nivel Inicial o Ciclo Básico), y que tampoco cuentan con la cantidad necesaria de docentes, infraestructura, insumos para el comedor escolar y material didáctico para llevar adelante de manera efectiva el trabajo pedagógico de aprender y enseñar, ni para implementar proyectos de retención escolar que promuevan y estimulen la permanencia de los niños, niñas y adolescentes en la Escuela.

De esta manera, la apertura del Nivel Inicial en Escuelas de características similares a la nuestra, permitirá llevar adelante un trabajo personalizado, de sujeto a sujeto, como el proceso de enseñanza-aprendizaje requiere con aquellos niñitos y niñitas que tengan entre 4 y 5 años de edad, a fin de que vayan alcanzando los siguientes objetivos:
• Conozcan y se vayan amoldando a nuestro idioma. En este sentido, es preciso recordar que tanto el idioma materno como el de la mayoría de los medios de comunicación a los que los niños y niñas tienen acceso es el portugués o brasilero.
• Realicen todo un trabajo de aprestación, se encaminen con esfuerzo y placer a la tarea de empuñar el lápiz y vayan incorporando el grafismo y las primeras y rudimentarias nociones de la lecto-escritura.
• Desarrollen a través del contacto con la Escuela y con otros niños y niñas de su edad un proceso de socialización nuevo, que rompa con los espacios simbólicos hasta ese momento conocidos, generando actitudes de compañerismo, respeto y solidaridad hacia sus semejantes.

En este sentido, es de destacar la diferencia de nivel percibible casi a simple vista durante los primeros años de la escolarización primaria entre aquellos niños y niñas que pudieron acceder a algún tipo de institución educativa a temprana edad y aquellos que se acercan a la Escuela por primera vez.

Lo mismo ocurre con la Escuela Secundaria , que a mi entender en las regiones rurales debería ser de características agro-técnicas debido a la escasa posibilidad que tienen los jóvenes de acceder a un nivel superior de enseñanza, tanto por los escasos recursos económicos de sus familias como por la falta de instituciones terciarias o universitarias en la zona.

Así, puede observarse una clara contradicción entre la planteada obligatoriedad y la falta de Escuelas, por lo que el panorama está todavía lejos de ser el ideal, y la obligatoriedad de la educación media le viene pisando los talones a la falta de Escuelas Secundarias en algunas zonas del interior de la provincia.

Al respecto, plantea Ernesto Saucedo, director de la Escuela Nº 54 de la localidad de Profundidad: “Hasta el año pasado que no teníamos polimodal en el pueblo, más del 70 % de los chicos no terminaba la secundaria porque tenían que desplazarse hasta Candelaria o Garupá para poder estudiar. Pero con la apertura de una secundaria los chicos siguen la escuela y muchos que tuvieron que abandonarla volvieron” .

De esta manera, como plantea Lucas Serra en su trabajo acerca de la problemática de la educación secundaria en el ámbito rural de nuestra localidad: “La continuidad de un adolescente del medio rural en El Soberbio se ve amenaza porque carece de una oferta educativa cercana a su área de residencia y, fundamentalmente, porque la forma en que se reproduce la estructura económica de su familia se torna difícilmente compatible con el sostenimiento -dentro del sistema educativo actual en la región- de la asistencia al nivel educativo secundario”  .

De este modo, “la asistencia a la escuela secundaria representa una dificultad económica para las familias campesinas porque resquebraja el orden del modelo de explotación del trabajo familiar”, ya que “la unidad productiva al perder uno de sus miembros se reciente disminuyendo, en su forma de producción simple, el volumen de lo producido o elevando la cuota parte de trabajo de otro de sus miembros”  .

En consecuencia, se produce una “carrera” educativa desigual, estructurada de acuerdo al capital económico inicial del cual dispone la familia del o la adolescente.

En este sentido, estudios del propio Ministerio de Educación de la Nación señalan que “el problema principal en el ámbito rural es la baja cobertura en el nivel medio, por lo cual, se da una suerte de selección: quienes pueden continuar sus estudios secundarios están ya en una ventaja relativa pudiendo desarrollar una mejor trayectoria educativa”  .

De esta manera, L. Serra, aunque reconoce que la cuestión económica no es la única que hay que tener en cuenta a la hora buscar la causas de la deserción escolar, se centra en este importante aspecto y plantea que el nivel de escolaridad de un estudiante de la zona rural “se halla delimitado por las posibilidades económicas de su familia”. Y que, por lo tanto, la trayectoria educativa de los jóvenes en el ámbito rural depende, en gran medida, del “nivel de acumulación de capital económico y social por parte de la familia”, lo que le permite a ésta que sus hijos o hijas continúen los estudios “sin resentir la estructura económica familiar”  .

En consecuencia, completa sus análisis expresando lo siguiente: “Las oportunidades de acceso al nivel secundario se encuentran restringidas por la base misma de la reproducción del trabajo campesino” tradicional que llevan adelante los pequeños productores y productoras en su estrategia de sobrevivencia familiar .

De esta manera, llega a la siguiente conclusión: el quiebre ocurre al concluir la Escuela Primaria y, por lo tanto, “la etapa de máxima deserción se produce al inicio o en el transcurso del nivel secundario”, al que logran acceder con éxito solo algunos jóvenes . Aquellos que provienen de familias de clase media rural o que tienen un origen campesino pero se han transformado en arrendatarios, acopiadores, comerciantes o funcionarios de alguna área estatal o privada.

Y, en última instancia, el objetivo de las familias de que sus hijos o hijas lleguen al término de la educación secundaria está ligado a la continuidad educativa -al menos en el deseo- en un ciclo superior que les permita migrar del entorno rural y del trabajo agrario para insertarse en el ámbito urbano con un empleo calificado. Es decir, que les permita acceder a otra forma de vida.

En este sentido, una encuesta realizada a alumnos y alumnas de 1º año polimodal de la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) de El Soberbio arrojo por resultado que tan sólo el 5 % de los estudiantes quiere regresar a trabajar en la chacra una vez concluidos sus estudios, lo que se debe, en gran medida, a la percepción negativa que los jóvenes tienen acerca del trabajo rural: observan las duras condiciones laborales en que está enmarcado el trabajo en la chacra y los pocos significativos progresos económicos que logran consolidar sus padres mediante un modelo de trabajo terciarizado como lo es la plantación de tabaco .

De este modo, un escaso margen de ganancia como pequeño productor agropecuario o un magro nivel de remuneración como trabajador asalariado rural, sumado a las duras condiciones de trabajo para este sector, hacen que para los jóvenes la permanencia en sus comunidades sea a primera vista más complicada que la opción de migrar a un centro urbano.

Sin embargo, lo que la población rural espera de la Escuela, como ya se dijo, “tiene una significación más simbólica que instrumental”  , ya que el costo de vida y las condiciones de desarrollo en las ciudades para la población proveniente de zonas rurales sin un nivel educativo avanzado, genera, en condiciones de empleo estructuralmente adversas, “una adaptación parcial de las familias de origen campesino al nuevo espacio social, exponiéndolas a situaciones de marginalidad en las periferias de los conglomerados urbanos”  .

Además, la escasa oferta educativa, en nuestra localidad, se agrava después del Secundario por la falta de instituciones de Nivel Terciario / Universitario, lo cual implica necesariamente la migración de los jóvenes hacia las ciudades más grandes de la provincia e, incluso, a provincias vecinas, con la consecuente limitante económica que supone esa migración.

En este sentido, L. Serra plantea: “La superación del nivel educativo secundario implica, en la abrumadora mayoría de los casos, una migración de los jóvenes no sólo por la forzosa necesidad de completar su formación fuera del ámbito rural, sino porque también su futuro campo laboral se encuentra fuera de ese espacio social”  .

Con lo que concluye su trabajo afirmando que “en este contexto la formación educativa que supera el nivel primario, parecería ser más una herramienta para mejorar las condiciones de la potencial migración del joven hacia un centro urbano, que el instrumento de consolidación hacia el interior de una comunidad rural con jóvenes trabajadores de más alta calificación”  .

Y que, por lo tanto: “La presunta estrategia de desarrollo local a través de la formación de jóvenes habitantes de las Colonias entra en contradicción en la etapa formativa y el no retorno de los nuevos profesionales o técnicos a su comunidad rural de origen”  .

Situación que se agrava porque aunque algunos de ellos y ellas decidan regresar, se trata de individuos que han salido del campo para ir a estudiar en los centros urbanos, sufriendo durante su estadía en la ciudad, en menor o mayor medida, algún tipo de proceso de aculturación.

IV. La cuestión de género y el embarazo adolescente

En la transición a la adolescencia, con todo lo que ésta trae aparejada en cambios físicos, psíquicos y emocionales, la cuestión de género suele volverse un hecho fundamental de nuestra realidad.

En algunos casos los adolescentes varones comienzan a ser responsables de la producción de una parte determinada de los cultivos, quedándose con las ganancias que se obtienen por la venta de los mismos; mientras que en las adolescentes mujeres las tareas domésticas, el cuidado de hermanos menores y de los animales suele volverse una carga pesada , pero indispensable para que los adultos del grupo familiar queden liberados de las mismas, pudiéndose dedicar de lleno a la producción de los cultivos que puedan aportar algún ingreso monetario al grupo familiar, como en nuestra región es el caso del tabaco.

Realidad que presenta, además, un alto grado de casos de embarazo adolescente, embarazo no deseado, madres solteras o familias que se forman muy jóvenes; así como también la presencia del VIH-SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual que son siempre un riesgo latente para chicas y chicos que escasamente acceden a una adecuada educación sexual, motivo por el cual desde la Escuela estamos llevando adelante con los niños y niñas de 6º y 7º grado un fuerte trabajo en este sentido .

V. El aspecto cultural
Como quedara expresado en párrafos anteriores, aunque la cuestión económica tiene un peso determinante, no es la única variable que hay que tener en cuenta a la hora de buscar las causas del abandono y la deserción escolar que ocurre entre los hijos e hijas de los pequeños productores y productoras rurales de nuestra provincia.

En este sentido, el trabajo de los niños, niñas y adolescentes en tareas domésticas y/o productivas, y la temprana edad en que suelen formarse las nuevas familias, son hechos aceptados y vividos como una parte más de la cotidianidad, sin un contenido negativo ni para los parientes más cercanos ni para la mayoría de la sociedad local.

Además, muchas veces, los pequeños productores no visualizan otro futuro para sus hijos que el mismo que ellos tuvieron: el futuro niño o niña será también un productor. Por lo que muchas veces se da importancia a que los hijos e hijas estén alfabetizados, sepan firmar y manejar las operaciones básicas de las matemáticas, aunque la certificación final del sistema educativo parecería no tener un valor en sí mismo.

De esta manera, reforzando una idea ya expresada, se puede concluir afirmando que el problema no estaría centrado en el ingreso de los niños y niñas al sistema educativo sino en su permanecía en el mismo.

VI. Desafíos que nacen del olvido
Se dan, además, otros factores que juegan negativamente y de forma muy significativa en la (des)escolarización de los niños, niñas y adolescentes, como ser las grandes distancias que deben recorrer a pie sobre caminos de tierra para llegar a la Escuela, a lo que se suman los intensos calores del verano y el frío y la lluvia que en algunos meses es prácticamente constante. A lo que hay que sumarle que muchos niños y niñas no cuentan con la ropa y el calzado, ni hablar los útiles escolares, suficientes para poder concurrir diariamente a clases, por lo que asisten a la Escuela de manera irregular generando un gran ausentismo y la concerniente baja del nivel escolar.

Así, “la educación en las Escuelas Rurales o en instituciones ubicadas en parajes y municipios pequeños alejados de los centros urbanos afronta grandes desafíos para ofrecer formación de calidad y preparar para el trabajo a su población estudiantil, integrada mayoritariamente por los sectores más empobrecidos”, por lo que “los resultados educativos en este contexto dependen en gran medida de la voluntad de docentes y familias” .

En este sentido, desde el propio Ministerio de Educación de nuestro país se reconoce que “en los países en desarrollo a menudo la ruralidad es sinónimo de pobreza” y que “a pesar de la significativa migración desde el ámbito rural al urbano, la mayoría de los pobres es todavía rural”. Y se plantea que “una de las principales desigualdades que afectan a los pobres de las áreas rurales (campesinos sin tierra, trabajadores agrícolas estacionales y pequeños productores agropecuarios) es el acceso dispar a una educación de calidad”, por lo que “la pobreza y el analfabetismo siguen siendo fenómenos abrumadoramente rurales” .

Así, en las condiciones de vida que han sido expuestas hasta aquí, la realidad demuestra -una y otra vez- que muchos niños, niñas y jóvenes en edad escolar asisten a la Escuela sólo mientras que las urgencias de la supervivencia puedan ser postergables, mientras no tengan que incorporarse definitivamente al trabajo, mientras que no se demuestre que “no les da la cabeza”.

De esta manera, el análisis nos lleva a un aparente callejón sin salida: los niños y niñas de las familias más humildes, que son los que más necesitan de las herramientas y la certificación que pueda ofrecerles la Escuela para tener mayores oportunidades de mejorar su calidad de vida, son los que más pronto terminan abandonándola.

Mientras que, por otro lado, las familias de los que continúan estudiando  al manifestar su deseo de que sus hijos e hijas tengan un nivel de escolaridad superior al de ellos y una forma de vida con menores sufrimientos, están simultáneamente, afirmando “su rechazo a su propia forma de vida” , con lo que están reforzando el auto-menosprecio que históricamente tienen fuertemente arraigado los pequeños campesinos y campesinas sobre sí mismos.

Frente a esta realidad, y para superar el déficit que deja el sistema educativo formal, aparecen en estos contextos distintos tipos de prácticas de educación no formal, entre las cuales la llamada educación popular cobra un especial significado, con una serie de objetivos propios, como veremos más adelante.

En este sentido, pienso que una propuesta educativa que intente revertir los actuales índices de deserción y repitencia debe partir del reconocimiento de la dignidad y las potencialidades del otro, ya que, aún siendo pobres, los niños y niñas, como también sus familias, pueden con sus saberes aportar importantes conocimientos culturales al proceso educativo. La idea clave es partir de las diferencias como base de la igualdad y no de la discriminación.

De esta manera, y a pesar de todos los elementos arriba descriptos, la Escuela puede constituirse en un marco de referencia importante en las Colonias y Parajes rurales de menor tamaño. Centro de reunión para niños y niñas, adolescentes y adultos de la comunidad.

Está en la apertura y el compromiso con la comunidad en la que la Escuela está inserta que asuma la institución escolar, en general, y cada docente, en particular, el lograr o no la participación y el compromiso de las familias y vecinos a fin de transformar la Escuela un espacio abierto a todos quienes la habitamos de alguna forma.

Participación y compromiso de la comunidad que humildemente creo debe ser el reflejo del compromiso y respeto de nuestra actitud personal y de nuestra labor como docentes, en la que siempre debemos apostamos al diálogo y a rescatar la cultura y saberes de cada miembro de la comunidad.

1 comentario:

  1. Me encanta! Soy alumna terciaria, futura docente, y concuerdo totalmente que todos somos agentes de cambio, donde cada uno de nosotros tenemos el deber de llevar adelante la educación de las futuras generaciones, mas lo veo quizás en mi sentido de ser futura profesora, de poder llevar una educación formal, digna, y así también de querer luchar con todas estas grandes brechas... Justo en estos momentos estoy haciendo un trabajo sobre la deserción escolar, y me encantaría tomar parte de su trabajo, un excelente material que sin duda merece ser compartido, felicitaciones, muy buen blog!

    ResponderEliminar